Solo comunicaros que he informado a Raúl López mi deseo de cesar en el cargo que como responsable de la Secretaría de Nuevas Tecnologías ocupo dentro del Comité Ejecutivo Local.
Pensaba presentar esta dimisión en persona al propio Comité, pero parece que el Comité y sus reuniones han pasado a mejor vida. También pensé escribir una larga carta de despedida, pero creo que valdrá con un “copiar y pegar” unas líneas de Diego Cruz, persona que como yo mantenía un blog, aunque de signo contrario al mío, pero de innegable calidad técnica y editorial. Las líneas que adjunto pertenecen a un articulo suyo titulado “Yo confieso”:
-- En las contiendas políticas, o no tanto, se quedan por el camino cadáveres sin nombre, casi anónimos, de cuya desaparición nadie da cuenta. Son efectos colaterales de la “munición amiga”, tachones rápidos que tampoco interesa que salgan mucho a la luz por conservar la estética o, incluso, una vez amortizado su trabajo como peón de brega, casi se busca nuevos candidatos que vengan de refresco.
Esto suele ocurrir cuando se confeccionan camarillas, y no equipos, con las grandes diferencias que ello supone desde el principio. Las camarillas son, por tanto, grupúsculos de personas que buscan denodadamente sus propios intereses, el estado del bienestar de sus propias digestiones. Los equipos, por el contrario, son la colaboración particular y conjunta que trabaja por y para los intereses de todos, abierto siempre a la crítica constructiva.
Como yo no soy persona que, parecida al junco, se doble en dirección del viento que le manda, he visto preciso hacer desde esta modesta tribuna esta reflexión. Otros la harían, pero esperan prebendas o, tal vez, porque piensan que fuera del pesebre puede hacer un frío atroz que puede perjudicarles. En cualquier caso, ésta no es más que una opinión personal expresada libremente y yo, más bien, soy persona de intemperie.
Sin embargo, cuando a uno lo relegan o dan claras muestras de haber perdido la confianza y hacer intercambio de personas como si fueran cromos, dichas acciones te anuncian que es el momento de presentar la dimisión de tus responsabilidades; entre otras cosas, porque se abre el tiempo de la lealtad perruna, pero se cierra el momento en el que tu contribución ya no es bien recibida. Por tanto, finaliza así lo que antes fue respeto, reconocimiento y elogio; como he dicho anteriormente, ahora se cierra al interés de unos pocos, que han vuelto a jugar de manera espuria con el sudor de tu trabajo.
He dicho en más de una ocasión que independientemente de la ideología, el militar en un partido político, es una forma de “ser” y “estar” en la vida. Hay que recalcar lo del “ser”, porque lo del “estar” siempre es algo más fácil y hay auténticos especialistas en el “estar”, aportar es ya otra cosa. A mi me interesa mas el “ser”, en el sentido de aplicar de continuo tus propias convicciones. --
Hasta aquí las líneas de este articulo.
En relación a la web, el trabajo que ahora queda por hacer es meramente mecánico, motivo por el cual creo que no tendrás ningún problema para encontrar alguna persona que se encargue de realizarlo, de hecho podría hacerlo tanto un “tonto” como un “borderline” o un “ni-ni”.
Atrás quedó (hace dos años), el ofrecimiento de una concejalía, que la flaca memoria olvidó materializar llegado el momento, atrás quedo el ofrecimiento de un puesto de confianza asociado a la candidatura nº 17 que la misma flaca memoria volvió a olvidar (y de esto solo hace dos meses), yo me preocuparía por esos episodios de amnesia selectiva. En cualquier caso, como dice Anaxágoras “Si me engañas, la primera vez es culpa tuya. Si me engañas por segunda vez, es culpa mía”, por ello nunca debí aceptar ir en ese número, así como tampoco lo del puesto de confianza.
Da igual… ninguna de ambas cosas las pedí nunca y nunca me hicieron falta, en cambio a mi si se me pidieron muchas (durante ocho años), confieso que la concejalía si me llamaba la atención, pero solo eso; hay otras muchas cosas que también me llaman la atención y me hacen valorar a las personas en su justa medida, como por ejemplo la ingratitud de personas para las que has trabajado y que en lugar de mostrar agradecimiento por los años dedicados muestran indiferencia, que gracia.
Ahora que lo pienso es mejor repartir los cargos entre la gente que no se sabe ganar la vida por si mismos, así se hace una buena obra y se gana su fidelidad. Otros en cambio, como dice Diego somos “junco o persona de intemperie” (cosas de no haber necesitado nunca a nadie). Menos mal que hay personas que se sacrifican por los demás y se dedican a la vida pública, dejando las multinacionales para los que no llegamos al mínimo nivel exigido. A todos estos grandes profesionales, gracias por el sacrificio.
No os deseo suerte, porque viendo el nivel demostrado, la profesionalidad, formación, capacidad, experiencia, saber estar y desarrollo profesional alcanzado por el equipo del que te has rodeado (del que pueden dar fe sus increíbles curriculum) no la necesitas, además la suerte es para los mediocres.
Sirva esta carta como despedida, ya que a partir de ahora no frecuentaremos los mismos círculos.

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